

Por fin regreso
Bitácora.
-Día 1.
-Día 1.
4 horas de lucha, de un paisaje pintado con pincel impresionista. Escapando del encuentro de los acantilados con el agua, nido de volcanes. Escucho sonidos, sombras cantoras, del agua interesante & de los habitantes, líricos y poetas de los árboles. Camino descalzo, pues así puedo sentir cada textura herida en mis pies, porosa como el musgo de un árbol viejo, suave como el bálsamo cristalino que cubre el plano. La hoguera calma el frío latente que aparece escondiendo el día, calienta mis pies... y apenas sigo escribiendo a la luz de tímidas estrellas, explosiones de mis hoguera, pequeños haces de inspiración que no logran pasarse al carbón del lápiz, mas si al recuerdo del viajero. La noche está presente y me acompaña la negrura más espesa.
Pero una chispa de luz ahora es una gran fogata que me alumbra con generosidad, y lleva ya varias horas de lento quemar. Y mientras esta aún vive, exploro mi entorno profundo... rodeado de ruidos y extrañas criaturas que vuelan desorientándome, pero esta bitácora es mi fortaleza, y además, voy a soñarte esta noche.
-Día 2.
La mañana es un sueño, casi apenas me doy cuenta que estoy en realidad despierto. La bruma confunde las distancias, y me pierdo en pocos metros. El fuego vuelve a aparecer tímidamente, para tímidamente comenzar el viaje. El Sol, de igual manera, se encuentra con el día y haciendo desaparecer la bruma helada, me muestra un paisaje sublime, de incesantes cerros que abrazan al lago, un espejo congelado.
El espejo es eterno, perfecto, calmo, un paraíso duplicado para colmar los sentidos atiborrados de señales. El alma sobreestimulada, sobre excitada, y luego recogida y en la más absoluta calma. Son horas de avanzar como un perpetuo móvil, pero lento, pero sin parar. Es un cristalino bálsamo que posa sobre cerros profundos. Horas más y llego al otro extremo del desconocido. Apenas 4 o cinco casas y un pequeño embarcadero. Fueron 30km prácticamente vírgenes, sin el hombre, sin el ruido. Solo en mi mismo, pero acompañado por un escenario primordial, que ahora siento esencial.
El viento levanta fuerte y en contra, augura una tempestad difícil de remar. El regreso será un tanto duro, pero voy a observar y descubrir cascadas, bosques espesos, impenetrables, y me voy a perder en un horizonte que no existe.
..(horas durísimas).. y no existió, y no vi cascadas, y lo impenetrable fue el lago. Una taza de leche que se transformo en una furia. Remar y remar, pero el viento sencillamente no dejaba avanzar. Remar y remar solo para no retroceder. Una tarea casi imposible para la cabeza. Mi horizonte siempre estuvo apenas unos metros delante de mi kayak. Pensé que no lo lograría, ya estoy a mitad de mi regreso. Dos paleadas adelante, una atrás. Parar era retroceder más rápido de lo que avanzaba. Todo resultó ser espeso, (dios) no siguió tomando té, y me baldeó la cara con furia.
Ahora en mi segundo campamento es muy tarde mojado y apenas aguanto el hambre. Me cubre un cielo tan negro como puedas imaginar, tapizado de estrellas. Un cielo abierto como este libro. Estrellas que pareciera que llueven. Todas ellas salieron a velarme tan solo esta noche.
-Dia 3.
Amaneció nublado y me rodea una invasión de orgías alrededor de un baobab. Los paisajes se pierden en si mismos y entre una nube amenazadora que vulnera mi espíritu. Hora de un café, de gritar mierda mierda y emprender el día final de una buena vez. Duro, mojado sin espejo esta mañana. Un amague de sol me hace sonreir, pero solo dura unos segundos. Definitivamente no será este día.
Cachetadas de viento arrachado y zonas esporádicas de pequeños descansos. Cantando al viento para elevar el espíritu, hablar solo para no perder la cordura. Un manto blanco tuve por techo, se movía lentamente escondiendo los cerros que jugaban a perderse. La lluvia cayó y cayó, fuerte al principio y luego tan suave y contante como un velo de seda que juego en el viento. Finalmente la tempestad se transformó en una taza espejada, no como la del primer día, sin más profunda, mucho más pura. Un final perfecto en un lago perfecto. Un espejo para descubrirse mirándose el espíritu.
El día acaba, energías, queso pan y vino. Toca emprender el regreso que aún es largo.
... y sigue faltando, rompo el brazo de transmisión de mi camioneta... o algo así. No hay señal de celular, a km de un teléfono y apareciendo la negrura, junto a la lluvia, y los vientos. Camino bajo la lluvia para encontrar un teléfono. Una grúa que está a 200 km (valdivia) me vendrá a buscar mañana. No puedo estar más lejos de todo. Perdido, tengo hambre, sucio e inmerso en lo profundo de la cordillera. Va a ser una larga noche cuando pudo ser en casa, en una cama tibia, después de horas de hacer correr agua caliente en mi espalda. Pero con todo, esto es bueno, es lo que no controlo, la travesía es distinta y la historia que contar es otra.
Ojalá que sea como dicen. que las cosas pasan por algo.. ya sea para aprender o para que la vida me lleve a lugares.
Esta vez Pirehueico no me dejó ir. Me duelen los hombros después de remar 60 km en tres días... apesto como un zorrilo y mi piel arde en el cuello.
Aún así, porfiado, muerto y disgustado, mi memoria está con la aventura de recorrer un charco de nieve.
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