Bajo la luz de una linterna,
sumergido en el reflejo,
el día ha desaparecido.
Kilómetros de serpenteo,
desde la cordillera rumbo al mar,
el sol se derrite dorado en mi rostro.
Pasamos de un balseo a otro,
atravesando una historia difusa,
de una draga, de una mina de oro, de un puente ferroviario con más de cien años.
Un sol seco en el rostro,
un viento en contra y olas perpetuas machacaron el ánimo hasta casi decir basta.
Seguimos remando obstinadamente hasta dar con la cucaracha,
y me encuentro aquí,
hundido en el pasado,
bajo la negrura y la luna llena.
Rio San Pedro, XV región de los ríos.