martes, 10 de junio de 2008

Montjuic, templo del suspiro







Montjuic se ha transformado para mi en un vasto y efectivo templo de tranquilidad. Montjuic es el cerro que cierra por el suroeste la geografía del núcleo urbano de Barcelona. A partir de ahí empieza y termina lo que sin escatimar en horas, oso en describir. 

Llego cada vez por plaça España, y cada vez se me abre la impresionante perspectiva casi "barroca" (entiéndase solo por el impacto causado), abriendo 500 metros que se caminan a través de roma arquitectura. Y llegamos hasta apenas comenzar el ascenso hacia el Museu de arte de Catalunya (el cual debo agregar a la larga lista de museos no visitados). Finalmente debo ser sincero y confesar que exceptuando al mismísimo "Museu", ninguno de los edificios del entorno está realmente bien logrado. Sin embargo el entorno logrado es aplaudido por su franqueza. Simple, verde, habitable, un parque urbano que se usa como parque. Es cierto que como muchos, este es un espacio que otorga dividendos en concepto de imagen cuando hablamos de turismo urbano. No he mencionado que el mismo Montjuic alberga a las principales instalaciones deportivas sedes de los XXV juegos Olimpicos de Barcelona 92. Esto lo hace inminentemente un rincón turístico de la ciudad. Sin embargo, representa para mi ese bache en la matrix. La excepción a la regla. El lugar donde se rompe el canon y se unen ambos personajes, el visitante y el habitante. Yo estoy en medio.

Al caminar ves almas ligeras. La misma alma mía se aligera con mis pasos. La calma me hace mirar con detención, al final de cuentas, observo lo que miro. Le doy un poco de tribuna a las ansiosas hojas blancas de mi bitácora. Fotografío instancias precisas que no puedo captar con el carbón de mi lápiz ya sea por la carencia de técnica en mis aficionadas manos o por la imposibilidad absoluta de lo que se quiere retratar. Finalmente siempre caigo a la tentación del lápiz. A ver un poco que pasa. Gratamente sorprendido en ocasiones. En otras, simplemente sigo mis pasos.

Sigo cruzándome con almas ligeras, incluso con la de algún  loco que con sus audífonos colocados canta a lo que dan sus poco dotadas cuerdas. A estas alturas las sonrisas proliferan espontáneamente. 

Al rodear el Montjuic, le doy la vuelta completa y llega el ocaso. Ahora el Museu está a mis espaldas. Se junta un montón de gente, principalmente turistas y se sientan en las escaleras del museo, enfrentando al ocaso, enfrentando una hermosa y categórica vista de Barcelona, no es más que eso, lo que está al alcance de mis ojos. En lo bajo está la fuente que siempre apagada promete un espectáculo que aún no he tenido la oportunidad de ver, y que con fortuna comenzará en unos minutos, son las siete y media de la tarde y es domingo, si no es ahora, no lo veré nunca. No espero 30 segundos y los murmullos hacen que gire mi cabeza en dirección a la fuente. Poco a poco el sol esconde su luz y elegantemente comienza el amanecer de la luces de la noche.  El Museu no es vanidoso y solo se viste de un fino manto invisible y desde el se deja caer el velo de agua. Este se ilumina sin escatimar en esfuerzos. Comienza un tenue espectáculo de agua que tiene a cada pupila destilando sueños en una sola dirección. Comienza a escucharse una suave música clásica y estoy en presencia de un verdadero y vasto acontecer.

"Son agrupaciones improvisadas, improvisadas agrupaciones aún dentro del romo y poco improvisado lugar. 
Son etéreos los sueños coléricos que en torno a la magia dulce sutil y balsámica naturaleza del agua, definen una creciente locura colectiva. 
Si somos torpes no vemos orden, pero el orden es claro, la protagonista es solo una. 
Y mientras el habitante del día desaparece con su luz, la gente se pierde entre la sombra y la penumbra, para dejarse cautivar por un resplandor. 
Es la Barcelona representada en un solo acto. 
Todas las personas, todos los seres, todas las formas de mirar, fotografiar, dibujar, observar y captar en la memoria... al final permanece una sola sola opinión, el acto es sencillamente espectacular. 
Y para colmo suena la música más bella. 
El espacio es un verdadero encanto, hasta los brutos más reticentes hacen brillar sus ojos limitados a ceder a la emoción. 
Los ojos brillan abrazados a espíritus agazapados mientras cada sueño realiza el acto desesperado de querer hacerse realidad. 
El acontecer es ahora pomposo, increíble, y la fuente se ha transformado una y otra vez en un corazón latiente, un alma, por unos instantes, el alma viva de una ciudad. 
Muestra una realidad tan bestial, que la belleza así tan pura hace caer al cualquiera. 
Algo que solo he visto en las obras de arte más conmovedoras."

Pero como el capricho nos invade, aparecen trozos musicales gratuitos y asegurados. Desfilan "Titanic, George Lucas, La historia sin fin, y las épicas de siempre". Vaya pachanga!, jaja. Como te me has caído BCN!, y solo has logrado que ahora pueda ver que hasta la belleza mas puramente cruel es frágil y solo una ilusión. Un truco jugado por la megalomanía de mis palabras.

Nuestro cerebro está adoctrinado a ser sometido por ciertas estructuras de belleza. Estas se catalogan constantemente y son sacadas por los expertos cada vez que quieren dejarnos boquiabiertos.

Pero el arte es alma y a esta no la podemos definir, no la podemos encapsular ni comprar, porque solo se da en los procesos artísticos más pura y verdaderamente sinceros.

El alma es perenne y sobrevive a todos esos gratuitos, vanidosos y pomposos actos de la moda. Por desgracia, estos últimos siempre serán mayoría y estarán ahí para deleitarnos, con su vasto conocimiento en pirotecnia, cajitas felices, mundo Disney, y compañía.

"Pero el alma es perenne, y sobrevive".

"Se canta con el alma, la voz no es más que un instrumento. Sin sentimiento no hay nada. Luciano Pavarotti no leía partituras. Parece que en todas las artes, lo que cuenta es el alma." Josep Carreras.

Montjuic
Primavera / Junio 2008

miércoles, 4 de junio de 2008

Un perfecto día cualquiera


Un día cualquiera, uno de esos en que te encuentras medio somnoliento y donde la barrera entre la vida y nada misma es tan diminuta que apenas puedes decidir por ti mismo, me invade el impulso mas sencillo y bonito: y salgo. Salgo a respirar, a caminar, a hacer lo que hago casi todos los días y sin esperar nada. A improvisar. La ciudad poeta te guía por mil caminos y solo debes seguir tus pasos, ya que en todos encontrarás lo que buscas, o todo lo contrario.

...llego al club de la milonga maldita: el pipa club. Donde descubrí lo que siempre intuí, lo que siempre supe pero solo fui demasiado perezoso como para levantar la mirada. El tango que embruja a quienes lo bailan y a quienes se dejan encantar por sus perfectas, erráticas e improvisadas estructuras. Y así, lo miras y te embobas, te encuentras pensando en nada más que lo que estás mirando, miras lo pies de la bailarina pues siguen un compás perfecto e inexistente creado por su pareja. Son uno.

...y mientras el camino sigue, entro a la galería de "La Predrera" sin muchas esperanzas pues sueles encontrar bellas obras de arte que no se conectan entre ellas, ni con el autor y mucho menos con quien las observa. Pero como las sorpresas abundan, me encuentro con un pintor absolutamente desconocido, para mi. Zoran Music, ¿Qué es esto?, ¿Con qué concepto me han salido ahora?. Pero no es más que un apellido. Pintor francés que habitó en Venezia luego se sufrir y vivir en carne propia sanguinarias matanzas de la guerra civil. Un tipo sin gran técnica. No derrocha talento a veces innecesario (nunca). La exposición se organiza en torno a escritos que aparecen en momentos y lugares que logran captar tu atención. Pinta montañas de cadáveres y cadáveres solos. Uno detrás de otro. Casi como obsesionado. No se que hay detrás de semejante discurso, así que ahí decido, lo empiezo a leer... ahora lo veo de verdad, llevaba unos minutos mirándolo pero no entendía nada. De echo, no me gustaba mucho. Lo que dice de sus pinturas no fue lo que me impresiono, sino del hecho mismo de pintar. Habla de meditación, de aquellos vacíos mentales en la mente de todo artista. De como te puedes pasar horas en tu taller mirando la hoja en blanco, la tela vacía, el cartón sin cortar... y esperas. Y la inspiración no aparece de la nada. Sino que se medita. Se piensa y se reflexiona. Tenemos necesidad de soledad, de silencio, y luego cualquier cosa que lo interrumpa es una distracción. Incluso la música. Habla del verdadero interior del ser. "A veces hay que estar encerrados en una caparazón, con dudas"... "y a veces paso todo el día en el taller sin hacer nada, como esperando a que algo pase". Pero pensando solo se medita. Y ahí es donde aparece la mano, seguidor instintivo del rincón más recóndito del cerebro. "La primera reacción frente a algo que me ha impresionado mucho... la primera reacción es el dibujo". Y luego recuerdo en las veces en que me he encontrado dibujando sin motivo, sin razón aparente, donde mis manos obedecen a mi inconsciente, sin voluntad intermedia. Directamente de la cabeza al papel. La mano es un mero trámite. Solamente me necesito a mi mismo, el dibujo es el lugar de mis meditaciones, de mi soledad. Al dibujar, escribo de forma inconsciente mis memorias.
"I only need myself" Z.M.

...y dibujo, claro está. Cualquier cosa. Lineas sutiles, otras fuertes, es una liberación sin condicionantes; "...únicamente el autor debe quedar satisfecho. Trazos tímidos al principio, rápidos, poco precisos, y después obstinadamente analíticos. Por momentos, vertiginosamente definitivos." A.Z.
Dibujo por el mero placer de hacerlo, para imaginar, para cambiar cosas, otras veces quiero captar los momentos y lugares que me impresionan, y en la últimas quiero simplemente adoctrinar mi mano. Que aprenda religiosamente lo que hay en mi cabeza.

...y entre dibujos y trazos vuelvo al tango. No sale de mi cabeza.

Lección número uno:

Círculos indefinidos, compás caprichoso.
Enredados sin vuelta atrás y sin ritmo alguno.
Equivocamos y seguimos sin vergüenzas,
luego nos desenredamos...
... entre perfectas estructuras improvisadas.
Tus ojos no me miran, están perdidos en mi pecho,
pero tu alma mira fijo a los míos.
Nuestros pasos se unen bajo el manto invisible de luces intangibles.
Canción y canción, 
aplausos inexistentes.
Da un paso,
y nuestros corazones sangran la ternura que casi desaparece ante la pasión  de nuestros pies desbordante.
Somos dos y uno,
inesperadamente tres pies cuando entre giros arrastras tu sostén cediendo al empuje del mío.
Entrelazados hasta el alma.
Tenue emoción tus ojos lloran, 
y disimulo la vergüenza de no haber escondido absolutamente nada.
Improvisamos de nuevo,
y aparecen nuestras vidas igualmente vividas;
perdidos brutalmente por la pasión maldita del bandoleón y el piano,
música infinita.
Y cuando después de miles de suspiros,
la música se detiene,
no descanses mi amor que nos vamos...
... y el tango no se acaba.


Tango al Born / 4 Junio