Montjuic se ha transformado para mi en un vasto y efectivo templo de tranquilidad. Montjuic es el cerro que cierra por el suroeste la geografía del núcleo urbano de Barcelona. A partir de ahí empieza y termina lo que sin escatimar en horas, oso en describir.
Llego cada vez por plaça España, y cada vez se me abre la impresionante perspectiva casi "barroca" (entiéndase solo por el impacto causado), abriendo 500 metros que se caminan a través de roma arquitectura. Y llegamos hasta apenas comenzar el ascenso hacia el Museu de arte de Catalunya (el cual debo agregar a la larga lista de museos no visitados). Finalmente debo ser sincero y confesar que exceptuando al mismísimo "Museu", ninguno de los edificios del entorno está realmente bien logrado. Sin embargo el entorno logrado es aplaudido por su franqueza. Simple, verde, habitable, un parque urbano que se usa como parque. Es cierto que como muchos, este es un espacio que otorga dividendos en concepto de imagen cuando hablamos de turismo urbano. No he mencionado que el mismo Montjuic alberga a las principales instalaciones deportivas sedes de los XXV juegos Olimpicos de Barcelona 92. Esto lo hace inminentemente un rincón turístico de la ciudad. Sin embargo, representa para mi ese bache en la matrix. La excepción a la regla. El lugar donde se rompe el canon y se unen ambos personajes, el visitante y el habitante. Yo estoy en medio.
Al caminar ves almas ligeras. La misma alma mía se aligera con mis pasos. La calma me hace mirar con detención, al final de cuentas, observo lo que miro. Le doy un poco de tribuna a las ansiosas hojas blancas de mi bitácora. Fotografío instancias precisas que no puedo captar con el carbón de mi lápiz ya sea por la carencia de técnica en mis aficionadas manos o por la imposibilidad absoluta de lo que se quiere retratar. Finalmente siempre caigo a la tentación del lápiz. A ver un poco que pasa. Gratamente sorprendido en ocasiones. En otras, simplemente sigo mis pasos.
Sigo cruzándome con almas ligeras, incluso con la de algún loco que con sus audífonos colocados canta a lo que dan sus poco dotadas cuerdas. A estas alturas las sonrisas proliferan espontáneamente.
Al rodear el Montjuic, le doy la vuelta completa y llega el ocaso. Ahora el Museu está a mis espaldas. Se junta un montón de gente, principalmente turistas y se sientan en las escaleras del museo, enfrentando al ocaso, enfrentando una hermosa y categórica vista de Barcelona, no es más que eso, lo que está al alcance de mis ojos. En lo bajo está la fuente que siempre apagada promete un espectáculo que aún no he tenido la oportunidad de ver, y que con fortuna comenzará en unos minutos, son las siete y media de la tarde y es domingo, si no es ahora, no lo veré nunca. No espero 30 segundos y los murmullos hacen que gire mi cabeza en dirección a la fuente. Poco a poco el sol esconde su luz y elegantemente comienza el amanecer de la luces de la noche. El Museu no es vanidoso y solo se viste de un fino manto invisible y desde el se deja caer el velo de agua. Este se ilumina sin escatimar en esfuerzos. Comienza un tenue espectáculo de agua que tiene a cada pupila destilando sueños en una sola dirección. Comienza a escucharse una suave música clásica y estoy en presencia de un verdadero y vasto acontecer.
"Son agrupaciones improvisadas, improvisadas agrupaciones aún dentro del romo y poco improvisado lugar.
Son etéreos los sueños coléricos que en torno a la magia dulce sutil y balsámica naturaleza del agua, definen una creciente locura colectiva.
Si somos torpes no vemos orden, pero el orden es claro, la protagonista es solo una.
Y mientras el habitante del día desaparece con su luz, la gente se pierde entre la sombra y la penumbra, para dejarse cautivar por un resplandor.
Es la Barcelona representada en un solo acto.
Todas las personas, todos los seres, todas las formas de mirar, fotografiar, dibujar, observar y captar en la memoria... al final permanece una sola sola opinión, el acto es sencillamente espectacular.
Y para colmo suena la música más bella.
El espacio es un verdadero encanto, hasta los brutos más reticentes hacen brillar sus ojos limitados a ceder a la emoción.
Los ojos brillan abrazados a espíritus agazapados mientras cada sueño realiza el acto desesperado de querer hacerse realidad.
El acontecer es ahora pomposo, increíble, y la fuente se ha transformado una y otra vez en un corazón latiente, un alma, por unos instantes, el alma viva de una ciudad.
Muestra una realidad tan bestial, que la belleza así tan pura hace caer al cualquiera.
Algo que solo he visto en las obras de arte más conmovedoras."
Pero como el capricho nos invade, aparecen trozos musicales gratuitos y asegurados. Desfilan "Titanic, George Lucas, La historia sin fin, y las épicas de siempre". Vaya pachanga!, jaja. Como te me has caído BCN!, y solo has logrado que ahora pueda ver que hasta la belleza mas puramente cruel es frágil y solo una ilusión. Un truco jugado por la megalomanía de mis palabras.
Nuestro cerebro está adoctrinado a ser sometido por ciertas estructuras de belleza. Estas se catalogan constantemente y son sacadas por los expertos cada vez que quieren dejarnos boquiabiertos.
Pero el arte es alma y a esta no la podemos definir, no la podemos encapsular ni comprar, porque solo se da en los procesos artísticos más pura y verdaderamente sinceros.
El alma es perenne y sobrevive a todos esos gratuitos, vanidosos y pomposos actos de la moda. Por desgracia, estos últimos siempre serán mayoría y estarán ahí para deleitarnos, con su vasto conocimiento en pirotecnia, cajitas felices, mundo Disney, y compañía.
"Pero el alma es perenne, y sobrevive".
"Se canta con el alma, la voz no es más que un instrumento. Sin sentimiento no hay nada. Luciano Pavarotti no leía partituras. Parece que en todas las artes, lo que cuenta es el alma." Josep Carreras.
Montjuic
Primavera / Junio 2008
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