miércoles, 4 de junio de 2008

Un perfecto día cualquiera


Un día cualquiera, uno de esos en que te encuentras medio somnoliento y donde la barrera entre la vida y nada misma es tan diminuta que apenas puedes decidir por ti mismo, me invade el impulso mas sencillo y bonito: y salgo. Salgo a respirar, a caminar, a hacer lo que hago casi todos los días y sin esperar nada. A improvisar. La ciudad poeta te guía por mil caminos y solo debes seguir tus pasos, ya que en todos encontrarás lo que buscas, o todo lo contrario.

...llego al club de la milonga maldita: el pipa club. Donde descubrí lo que siempre intuí, lo que siempre supe pero solo fui demasiado perezoso como para levantar la mirada. El tango que embruja a quienes lo bailan y a quienes se dejan encantar por sus perfectas, erráticas e improvisadas estructuras. Y así, lo miras y te embobas, te encuentras pensando en nada más que lo que estás mirando, miras lo pies de la bailarina pues siguen un compás perfecto e inexistente creado por su pareja. Son uno.

...y mientras el camino sigue, entro a la galería de "La Predrera" sin muchas esperanzas pues sueles encontrar bellas obras de arte que no se conectan entre ellas, ni con el autor y mucho menos con quien las observa. Pero como las sorpresas abundan, me encuentro con un pintor absolutamente desconocido, para mi. Zoran Music, ¿Qué es esto?, ¿Con qué concepto me han salido ahora?. Pero no es más que un apellido. Pintor francés que habitó en Venezia luego se sufrir y vivir en carne propia sanguinarias matanzas de la guerra civil. Un tipo sin gran técnica. No derrocha talento a veces innecesario (nunca). La exposición se organiza en torno a escritos que aparecen en momentos y lugares que logran captar tu atención. Pinta montañas de cadáveres y cadáveres solos. Uno detrás de otro. Casi como obsesionado. No se que hay detrás de semejante discurso, así que ahí decido, lo empiezo a leer... ahora lo veo de verdad, llevaba unos minutos mirándolo pero no entendía nada. De echo, no me gustaba mucho. Lo que dice de sus pinturas no fue lo que me impresiono, sino del hecho mismo de pintar. Habla de meditación, de aquellos vacíos mentales en la mente de todo artista. De como te puedes pasar horas en tu taller mirando la hoja en blanco, la tela vacía, el cartón sin cortar... y esperas. Y la inspiración no aparece de la nada. Sino que se medita. Se piensa y se reflexiona. Tenemos necesidad de soledad, de silencio, y luego cualquier cosa que lo interrumpa es una distracción. Incluso la música. Habla del verdadero interior del ser. "A veces hay que estar encerrados en una caparazón, con dudas"... "y a veces paso todo el día en el taller sin hacer nada, como esperando a que algo pase". Pero pensando solo se medita. Y ahí es donde aparece la mano, seguidor instintivo del rincón más recóndito del cerebro. "La primera reacción frente a algo que me ha impresionado mucho... la primera reacción es el dibujo". Y luego recuerdo en las veces en que me he encontrado dibujando sin motivo, sin razón aparente, donde mis manos obedecen a mi inconsciente, sin voluntad intermedia. Directamente de la cabeza al papel. La mano es un mero trámite. Solamente me necesito a mi mismo, el dibujo es el lugar de mis meditaciones, de mi soledad. Al dibujar, escribo de forma inconsciente mis memorias.
"I only need myself" Z.M.

...y dibujo, claro está. Cualquier cosa. Lineas sutiles, otras fuertes, es una liberación sin condicionantes; "...únicamente el autor debe quedar satisfecho. Trazos tímidos al principio, rápidos, poco precisos, y después obstinadamente analíticos. Por momentos, vertiginosamente definitivos." A.Z.
Dibujo por el mero placer de hacerlo, para imaginar, para cambiar cosas, otras veces quiero captar los momentos y lugares que me impresionan, y en la últimas quiero simplemente adoctrinar mi mano. Que aprenda religiosamente lo que hay en mi cabeza.

...y entre dibujos y trazos vuelvo al tango. No sale de mi cabeza.

Lección número uno:

Círculos indefinidos, compás caprichoso.
Enredados sin vuelta atrás y sin ritmo alguno.
Equivocamos y seguimos sin vergüenzas,
luego nos desenredamos...
... entre perfectas estructuras improvisadas.
Tus ojos no me miran, están perdidos en mi pecho,
pero tu alma mira fijo a los míos.
Nuestros pasos se unen bajo el manto invisible de luces intangibles.
Canción y canción, 
aplausos inexistentes.
Da un paso,
y nuestros corazones sangran la ternura que casi desaparece ante la pasión  de nuestros pies desbordante.
Somos dos y uno,
inesperadamente tres pies cuando entre giros arrastras tu sostén cediendo al empuje del mío.
Entrelazados hasta el alma.
Tenue emoción tus ojos lloran, 
y disimulo la vergüenza de no haber escondido absolutamente nada.
Improvisamos de nuevo,
y aparecen nuestras vidas igualmente vividas;
perdidos brutalmente por la pasión maldita del bandoleón y el piano,
música infinita.
Y cuando después de miles de suspiros,
la música se detiene,
no descanses mi amor que nos vamos...
... y el tango no se acaba.


Tango al Born / 4 Junio

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