miércoles, 26 de agosto de 2009

Día de calor

En una banca del paseo La Castellana consigo la sombra necesaria de cualquier día de agosto, seco... un silencioso y ensordecedor calor. Recalo en los tamices que dotan a los duros pavimentos de elegantes texturas. Luz es textura y música en los ojos, movimiento ininterrumpido. Doy cuenta del aroma a hierba que expele la atmósfera. Todo es muy sutil pues asfalto ruidoso de metales veloces atropella los sentidos y lo anterior desaparece. Los viejitos enamorados de la tarde anterior son ahora un bulldozer que cava como buscando desesperado un tesoro imaginario, que no existe. ¿Qué me ha llevado tan lejos de mi hogar? ¿Qué estoy buscando? Apago mi cerebro y elijo que es lo que quiero sentir. Todo vuelve a desaparecer y ahora el recuerdo lo pinto con mi pluma. Han pasado casi dos años desde mi partida y he encontrado un sin fin de respuestas, pero cada una de ellas trajo consigo dos nuevas preguntas. Estoy muy lejos de mi partida, pero mucho más lejos del final. He descubierto que regresar no es un final, sino otro principio. Una parada de exquisita incertidumbre de un futuro que me puede llevar donde me plazca. He crecido siglos y estoy lejos de envejecer. El dolor solo me ha llenado de vida y de ganas de seguir descubriendo que puedo ser quien yo quiera.
Mi cabeza me abandona de nuevo y el bulldozer se impone a mi paso. El camino de un día me hace escapar del calor que pone pensamientos incongruentes en mi cabeza, busco algo de brisa, busco algo de vista.
Ahora estoy sentado en un mirador de Madrid, tal vez el único que exista...

26 de Agosto

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