y en el fondo cae el cielo.
Maldito el manto gris
que indiferente
nubla mi regreso...
Bendito el velo
que detiene otra partida.
Dan una noche de viejos locos
y obtusos soñadores
que niegan despertar.
Cruzamos las miradas
y nos reconocemos
en la oscuridad de los decadentes,
pero yo no escucho razones,
y menos pienso en el amanecer que sigue.
Azabache no te vallas,
y no me la quites con sueños falsos...
esta noche no escucho razones.
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