Pantheon, prima impresione
Piel de gallina
"il vuoto incredibile, la sensazione e la emozione di essere piccolo tra l'architettura dei molti di"
Entra raudo, camina velozmente hacia el centro y abre la boca mientras mira el haz de luz que lo sobrecoge. Saca su cámara tan rápido como puede y con apenas mirar la pantalla dispara una o mas veces sobre su objetivo, seguro que una sale buena, piensa. Está maravillado ante semejante vacío, ante lo magnífico del espacio. Luego pasea por las capillas católicas en forma de ábside que rodean el espacio central y saca algunas fotos de personajes y santos que jamás volverá a recordar. Algunos ortodoxos permanecen sentados en las bancas destinadas a la oración, otros hacen igual solo por autocomplacencia, y los últimos y más sinceros, simplemente no se pueden los pies y necesitan del descanso. Después de unos minutos después de la oración express, el personaje sin nombre sale del panteón y tacha con una línea en su mapa. Misión cumplida. ¿Qué queda entonces?, una fotografía sacada como si el mundo se acabase al día siguiente, un círculo en un mapa roñoso que dice que estuvo ahí y que seguramente se perderá entre papeles innecesarios. ¿Como construye el recuerdo de un lugar? Las cosas que se hacen son las que se recuerdan, los momentos vivos son los imborrables... entonces, algo queda.
En otra esquina del panteón (no tiene esquinas, solo algún recoveco oscuro escondido de la luz del sol) se encuentra un señor de unos 70 años que ha pasado una hora sin moverse. Va perfectamente trajeado en pleno verano, vistiendo el lino con el talante único que la experiencia le ha dado. Es dueño de una mirada envejecida, pero el sueño brillo de sus pupilas permanece intacto. Observa a toda la gente, y luego de un buen rato fija su mirada en una bella señora de sienes plateadas. Sin mostrar un ápice de interés, la señora lo rodea y se va e otra dirección. Al voltear a los dos metros, nota que el señor no había dejado de mirarla. Para no incomodarla, semejante caballero se le acerca y le dice palabras que no logro escuchar. Cortés, se presenta y le pregunta sobre ella, le explica algunas curiosidades sobre el lugar donde se encuentran y juntos pierden la noción absoluta del tiempo. El haz de luz que atraviesa la linterna del panteón se mueve conforme las horas, pero ellos se refugian fuera de la muchedumbre. Sigilosamente me encuentro muy cerca de ellos, el incansable lenguaje de la manos se complementa con el significado de las palabras. Entiendo todo, él es un experimentado bailarín de salón y busca una pareja de baile. Se comporta como un verdadero caballero y después de exponer un argumento detrás de otro, cada uno más ingenioso que el anterior, consigue el brazo de la mujer para irse juntos. En el lugar solo se escucha una muchedumbre, un ruido constante y un poco molesto, pero al acercarme a ellos, pareciera escuchar solo melodías y mandolinas italianas. Los tonos de ambos que se complementaron por unos minutos en conversaciones suaves pero apasionadas. Mis pupilas se dilatan al ver como el potente haz de luz los pierde mientras se alejan. El aire interior es denso y la brisa que corre es débil, el aroma de verano es fuerte y duerme los sentidos, logrando construir una experiencia cuasi mágica. Me quedo solo en la oscuridad, y mientras cualquier ruido desaparece de mi cabeza, observo esculturas en la sombra, detalles impresionantes que pasan desapercibidos producto de la majestuosidad de su morada. Me quedo viendo como esa luz que se ha paseado por el espacio desvanece hasta casi desaparecer. Es hora de irse, el impulso solo me ha llevado a hacer algún boceto burdo en comparación con la realidad y casi no he sacado fotos. No obstante el recuerdo es perfecto, imborrable.
Pantheon de Agrippa / Roma
Agosto 2008



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